5 J├│venes Comprometidos con Dios en la Biblia

J├│venes Comprometidos con Dios en la Biblia

 Jóvenes de la Biblia que dejaron huellas

Siempre que tengo la oportunidad de tratar con j├│venes cristianos, me gusta tratar historias de personajes b├şblicos que rompieron esquemas y lograron grandes cosas en Dios.

Ejemplos de compromiso en la Biblia. Aqu├ş hay cinco historias de j├│venes de la Biblia que hicieron grandes obras para el Se├▒or y se convirtieron en modelos para nosotros hoy.

Hombres de compromiso en la Biblia

En la Biblia, varios hombres destacaron por su compromiso con Dios y sus prop├│sitos. Uno de los ejemplos m├ís notables es Abraham, quien mostr├│ su fidelidad al estar dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac por obediencia a Dios (G├ęnesis 22).

Mois├ęs, a pesar de sus inseguridades, lider├│ al pueblo de Israel fuera de Egipto y recibi├│ los Diez Mandamientos en el Monte Sina├ş (├ëxodo 3-4).

Otro ejemplo es Josu├ę, quien sucedi├│ a Mois├ęs y gui├│ a Israel en la conquista de Cana├ín, mostrando una dedicaci├│n inquebrantable (Josu├ę 1).

David, a pesar de sus fallas, fue un hombre conforme al coraz├│n de Dios y gobern├│ Israel con justicia (1 Samuel 13:14).

En el Nuevo Testamento, Pablo demostr├│ un compromiso excepcional al difundir el evangelio y establecer iglesias a pesar de enfrentar persecuciones y adversidades (2 Corintios 11:23-28). Estos hombres de la Biblia ilustran la importancia del compromiso con los principios divinos.

J├│venes de la Biblia que sirvieron a Dios a pesar de todo

6 Ejemplos de j├│venes b├şblicos que entregaron su vida a Dios┬áte motivar├ín:

David

Una de las historias más famosas de la Biblia es probablemente la de David y Goliat. En 1 Samuel 17, vemos un David como un joven de sólo 17 años, que era un hijo obediente (1 Samuel 17:17-20), un soldado valiente (vv 26, 32) y sobre todo un joven que confiaba plenamente en Dios (vv 37, 45-47).

David recibi├│ la orden de su padre de alimentar a sus hermanos en el ej├ęrcito de Israel que luchaba contra los filisteos.

Cuando David lleg├│, oy├│ que el gigante Goliat, se├▒or de los filisteos, se burlaba del nombre del Dios de Israel. David no soportaba o├şr a nadie hablar mal del Se├▒or. Se asombr├│ de que el ej├ęrcito de Israel no hiciera nada ante las malvadas amenazas contra Dios.

David le dijo al rey Sa├║l que ├ęl era el hombre adecuado para luchar contra Goliat de t├║ a t├║. David no pudo utilizar la armadura del rey que se le ofreci├│ porque no la conoc├şa. David hab├şa luchado contra leones y osos con sus propias manos y una honda, as├ş que decidi├│ hacer lo mismo con Goliat.

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David seleccion├│ cinco piedras lisas del lecho del r├şo y se apresur├│ a luchar contra Goliat. Con una sola piedra, David pudo derribar al gigante. Entonces David tom├│ la propia espada de Goliat y lo mat├│ cort├índole la cabeza.

┬źY aconteci├│ que cuando el filisteo se levant├│ y ech├│ a andar para ir al encuentro de David, David se dio prisa, y corri├│ a la l├şnea de batalla contra el filisteo. Y metiendo David su mano en la bolsa, tom├│ de all├ş una piedra, y la tir├│ con la honda, e hiri├│ al filisteo en la frente; y la piedra qued├│ clavada en la frente, y cay├│ sobre su rostro en tierra.┬╗ 1 Samuel 17:48-51

David era un joven que confiaba en Dios para hacer grandes cosas. As├ş que David es conocido como un joven que hizo grandes cosas para Dios.

Jos├ę

Jos├ę fue vendido como esclavo por sus hermanos en G├ęnesis 37, pero al final de este cap├ştulo Jos├ę est├í sirviendo en la casa de Potifar, un funcionario y soldado (G├ęnesis 37:36).

Jos├ę serv├şa en la casa de Potifar y parece que su amo le ten├şa mucha confianza. Jos├ę deb├şa hacerse cargo de todo en la casa, excepto de la mujer de Potifar (G├ęnesis 39:9).

Cuando la mujer de Potifar coquete├│ con Jos├ę, ├ęste rechaz├│ sabiamente sus avances. Sin embargo, Jos├ę fue acusado falsamente de comportarse de manera inapropiada con su esposa. Como resultado, fue encarcelado (G├ęnesis 39:11-20).

┬źY tom├│ su amo a Jos├ę, y lo puso en la c├írcel, donde estaban los presos del rey, y estuvo all├ş en la c├írcel. Pero Jehov├í estaba con Jos├ę y le extendi├│ su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la c├írcel. Y el jefe de la c├írcel entreg├│ en mano de Jos├ę el cuidado de todos los presos que hab├şa en aquella prisi├│n; todo lo que se hac├şa all├ş, ├ęl lo hac├şa. No necesitaba atender el jefe de la c├írcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de Jos├ę, porque Jehov├í estaba con Jos├ę, y lo que ├ęl hac├şa, Jehov├í lo prosperaba.┬╗ (G├ęnesis 39:20-23)

La historia de Jos├ę es un buen ejemplo de c├│mo hacer lo correcto no siempre resulta en una alabanza inmediata. Pero defendi├│ lo que era correcto, aunque no fuera f├ícil ni agradable, y al final fue honrado por Dios y reivindicado a los ojos de los hombres.

La joven misionera del Antiguo Testamento

En 2 Reyes capitulo 5 hay una maravillosa historia de Naamán siendo curado de lepra por Dios. Uno de los personajes principales de esta historia es una joven esclava de la que no sabemos casi nada.

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Lo que s├ş sabemos, sin embargo, es que ella anhelaba que la gente a su alrededor conociera el poder de Dios. La he comparado con un misionero del Antiguo Testamento.

Estaba en una tierra que no era la suya. Estaba all├ş contra su voluntad. Pero amaba a la gente que Dios hab├şa puesto a su alrededor y estaba dispuesta a hablarles del Se├▒or que conoc├şa.

Cuando se enter├│ de que su amo Naam├ín ten├şa lepra, le habl├│ con gusto de Eliseo, un profeta de Dios, y de c├│mo Dios hab├şa obrado a trav├ęs de este hombre. Naam├ín acudi├│ a Eliseo porque crey├│ lo que le dijo la sirvienta. Naam├ín, comandante del ej├ęrcito sirio, crey├│ lo que dijo la joven.

┬źNaam├ín, general del ej├ęrcito del rey de Siria, era var├│n grande delante de su se├▒or, y lo ten├şa en alta estima, porque por medio de ├ęl hab├şa dado Jehov├í salvaci├│n a Siria. Era este hombre valeroso en extremo, pero leproso. Y de Siria hab├şan salido bandas armadas, y hab├şan llevado cautiva de la tierra de Israel a una muchacha, la cual serv├şa a la mujer de Naam├ín. Esta dijo a su se├▒ora: Si rogase mi se├▒or al profeta que est├í en Samaria, ├ęl lo sanar├şa de su lepra.┬╗ (2 Reyes 5:1-3)

Naam├ín acudi├│ a Eliseo y fue curado de su lepra. No sabemos nada m├ís de esta joven, pero basta con suponer que amaba al Se├▒or y a aquellos a los que ├ël la hab├şa llamado. Tambi├ęn era una servidora fiable y fiel.

Daniel y sus compa├▒eros

Otra historia muy querida en la Biblia se encuentra en el libro de Daniel. Muchos conocen la historia de Sadrac, Mesac y Abednego, que fueron arrojados al horno de fuego. Incluso m├ís gente recordar├í la historia de Daniel, que fue metido en el foso de los leones. Daniel ten├şa entonces unos 80 a├▒os.

No se sabe exactamente cu├índo erigi├│ Nabucodonosor la estatua para el pueblo. Sin embargo, fue en alg├║n momento entre el tercer y el vig├ęsimo tercer a├▒o de la cautividad babil├│nica.

Se cree que Sadrac, Mesac y Abednego ten├şan entre 20 y 30 a├▒os cuando fueron arrojados al horno de fuego. Eran muchos a├▒os m├ís j├│venes que Daniel cuando se encontr├│ con el foso de los leones.

Sin embargo, hay otra historia interesante sobre estos cuatro j├│venes en Daniel 1. S├│lo ten├şan unos ocho a├▒os y habr├şan defendido lo que cre├şan.

Se les ofrec├şa comida y bebida contrarias a las creencias jud├şas tradicionales. Ya hab├şan pedido a los guardias de la prisi├│n que les cambiaran el men├║ y les pidieran que cambiaran a una comida m├ís familiar. Todav├şa eran j├│venes, pero defend├şan sus creencias.

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Como resultado de su decisi├│n de honrar al Se├▒or con su comida, Dios les dio conocimientos y habilidades de aprendizaje y sabidur├şa (Daniel 1:17). Este vers├şculo tambi├ęn afirma que a Daniel se le dio la capacidad de entender sue├▒os y visiones.

El joven con la cesta de comida

Hay una historia en el Nuevo Testamento sobre un muchacho que respondió al llamado para hacer algo por el Salvador. En Juan 6, Cristo estaba rodeado por una multitud de 5.000 personas (no dice cuántas mujeres y niños estaban presentes).

En ese momento, Jes├║s pide a sus disc├şpulos una soluci├│n al problema de la multitud hambrienta y lenta de tiempo. Por supuesto, Cristo ya sab├şa qu├ę hacer (Juan 6:6).

Jes├║s le pregunt├│ a Felipe d├│nde pod├şa conseguir suficiente pan para alimentar a la multitud. Felipe no lo sab├şa, pero se preguntaba si podr├şa hacerlo con sus limitados recursos. Andr├ęs estaba buscando una soluci├│n. Encontr├│ a un joven con una comida: cinco panes de cebada y dos peces peque├▒os.

El ni├▒o podr├şa negarse a dejar su almuerzo. Podr├şa haber optado por huir cuando un disc├şpulo se le acerc├│ y le pregunt├│ si sacrificar├şa su comida por Jes├║s.

Ni Andr├ęs ni el ni├▒o sab├şan lo que Cristo har├şa, pero el ni├▒o dej├│ que el Se├▒or utilizara su peque├▒o don. Ofreci├│ lo que ten├şa a Cristo, aunque no sab├şa cu├íl ser├şa el resultado.

Jes├║s recibi├│ la comida y agradeci├│ a Dios por ella. Jes├║s distribuy├│ la comida a sus disc├şpulos. Uno a uno, los disc├şpulos tomaron la comida que se les hab├şa dado y empezaron a distribuirla entre la gente que los rodeaba.

Entonces, para su sorpresa, hab├şa mucha comida. Cuando todos terminaron de comer, los disc├şpulos recogieron los trozos de comida y se los llevaron a Jes├║s. Finalmente, se recogieron doce cestas llenas de alimentos.

┬źEntonces Jes├║s dijo: Haced recostar la gente. Y hab├şa mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en n├║mero de cinco mil varones. Y tom├│ Jes├║s aquellos panes, y habiendo dado gracias, los reparti├│ entre los disc├şpulos, y los disc├şpulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto quer├şan. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus disc├şpulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que hab├şan comido.┬╗ (Juan 6:10-13)

Son hombres comprometidos con Dios en la Biblia los que hemos presentado en este art├şculo, para inspirarte en tu vida espiritual.

Al igual que estos personajes, nosotros tambi├ęn debemos estar dispuestos a dar todo lo que el Se├▒or requiere. Si entregamos nuestras posesiones y nuestras vidas a Dios, ├ël har├í cosas asombrosas como la hizo con este joven.

Dios te bendiga!!!

Fuente b├şblica: Reina Valera 1960

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